125. UN TROZO DE MI TESTIMONIO COMO PERSONA, MUJER, MADRE… y LA ACTUAL SITUACIÓN DEL CORONAVIRUS.

Hoy volvía acompañarme el silencio de la noche, el mismo silencio, que otras tantas noches me había abrazado para mantenerme alerta e ir trabajando aquellas emociones, que invadían los momentos de vida que me tocaban vivir.

Recuerdo muchas noches, muchas que marcaban mi vida para siempre.

Entre ellas aquella noche que mientras todos dormían, yo oía incluso traspasando la puerta de mi cuarto cerrada, los gritos y golpes de una mujer que era maltratada.

Así que abrí aquella puerta y me acerque a la ventana del balcón de mi casa, donde se podían oír de forma más violenta todo aquel episodio que me impulsaba a coger el teléfono para llamar.

Mis padres se levantaron y aparecieron en el salón para preguntarme que era lo que ocurría y qué hacía, no hicieron falta mis explicaciones pues al escuchar mis declaraciones en aquella llamada a la policía, ya sabían de lo que se trataba.

Tan sólo tendría 13 años, mis padres en ningún momento me dijeron absolutamente nada respecto a lo que hacía, quizás sabían que aunque lo hicieran sería inútil.

Sé que esa noche una mujer fue rescatada del maltrato y un hombre de haberla podido matar, pues aún puedo escuchar en mi cabeza los estruendos de aquellos golpes contra su cuerpo.

Mi vida quedaba marcada y de hecho lo estaba por diferentes situaciones de violencia, mis comportamientos decían mucho de mí y a la vez mucho de mi impulso para defender y proteger a otras mujeres.

Nuestra actual situación de confinamiento me llevaba, además de pensar en muchos colectivos enormemente desfavorecidos, de forma especial a recordar las mujeres, menores, anciones y personas que sometidas a diferentes tipos de maltratos, ahora ni siquiera podían salir a la calle.

Evidente es que este confinamiento esta llevando a niveles enormes de conflictividad familiar, personas que se ven obligadas a permanecer durante largos días, semanas y más en el mismo espacio, conociendo algunos aspectos, podríamos hablar incluso de desconocidos/as que pasaban pocas horas o ninguna con sus hijos/as, parejas.

Incapaces de gestionar la frustración, la incertidumbre, miedo y dolor de la actual situación, sólo es posible intentar controlar el reducido espacio en el que se encuentran y es ahí donde podrán descargar toda la ira, impotencia y demás que les genera la situación de desbordamiento y además no poder controlar el comportamiento de sus hijos/as, parejas…

En un mundo loco donde se vive con la fantasía de control, cuando la realidad es que es imposible controlar algo o alguien, cuando simplemente podemos ser generadores de circunstancias y actitudes con las que adaptarnos a los cambios incesantes de la vida para fluir con ellos, seguimos inmersos en esa creencia que no sólo nos destruye sino maltrata a nuestro único tesoro más valioso: nuestros seres queridos.

He vivido el comienzo de esta situación desde la ignorancia, procuro vivir alejada de los medios de comunicación y tan sólo hago uso de redes sociales, moderando también su uso pues todo eso me genera mucha saturación, me invade una empatía desbordante y un sentido de injusticia que me desborda, acompañado de una enorme frustración de poder hacer poco para todo lo que ocurre.

Sin ser del todo consciente de la magnitud de lo que se avecinaba, no lo viví con negación ni con incredulidad, sino con una progresiva recepción de información que poco a poco iba canalizando, sin dejar que el miedo se apoderara de mis pensamientos, actos y vida.

Mientras todo eso iba llegando y ocurriendo en el mundo, yo iba atravesando algunas etapas del duelo por el fallecimiento de mi abuelo el 21 de enero de 2020, así como mi adaptación al nuevo trabajo que comenzaba en el mes de febrero de este mismo año.

Si no eran ya bastantes cambios a los que adaptarme y gestionar, además me había lanzado a poner fin a mi relación de casi 27 años de duración, aunque desde hacía más de dos, podría decirse que sólo quedaba la costumbre y la necesidad de compartir y ver crecer a nuestra hija bajo el mismo techo.

Pues con todos esos cambios y acompañando a mi hija en el duelo de esa separación, del cambio de que su padre ya no durmiera en casa y otros aspectos, también llevaba en mi mochila las otras adaptaciones.

Tal día como hoy era jueves y desde ese día yo había decidido que mi hija no asistiera al cole por la tos que tenía y otras molestias. Al día siguiente me había pedido el día para gestionar papeles por el fallecimiento de mi abuelo y desde ese mismo día se suspendían las clases.

Esta vez la vida me lo ponía de frente y tocaba decidir. Lo tenía muy claro.

El año pasado había sido un año muy duro a nivel personal en el que mi madre había ingresado dos veces. Fue necesario gestionar el duelo por ingreso hospitalario, enfermedad sin saber que podría ocurrir, trabajar todo eso con mi hija y además con un sistema educativo excesivamente autoritario que no comprendía ni la acompañaba lo suficiente, para los momentos que con tan sólo tres años y medio estaba transitando.

Ahí estuve compaginando aquel ingreso, aquella situación de miedo y tristeza de mi hija, con mi adaptación a aquel nuevo destino, con la enorme carga de trabajo y también con todas mis emociones revueltas e infinitas que con más fuerza que una cascada no paraban de cambiar.

Era necesario añadir horas de formación y lectura para acompañar de la manera adecuada el duelo de mi hija e ir trabajando progresivamente los cambios y la incertidumbre.

El precio que me costo tanta exigencia fue, en mi entorno laboral ser juzgada como una mala trabajadora y compañera que acumulaba trabajo, ni idea tenían como me enfrentaba sola a tantos frentes, sin tener en ningún momento un abrazo, una palabra de consuelo, esperanza, apoyo, etc.

Así que a medias lo llevaba todo como podía, aunque nunca parecía cubrir los mínimos, por tanto este año no tuve nada que pensar, soy consciente que muchas personas siempre me van a juzgar, que mi responsabilidad tiene que ser en primer lugar con mis valores, seres queridos, también con mis necesidades, en la medida que se puedan compaginar con mi vida laboral.

Desde ese momento he estado encerrada en casa, acompañada de mis padres, de mi hija y de otras situaciones que son historias largas de contar y episodios de los que ahora no me apetece hablar.

Harta de limpiar las manecillas de las puertas, los interruptores, de lavar ropa, fregar pisos y que mi hija sea invadida por el miedo creado ante frases como “tu abuelo se va a contagiar”… He tenido que respirar muy profundo y ser tragada por mi armadura para resistir esta situación, compaginándola con otra a la que ya había puesto fin.

Mientras muchas personas decían que iban aprovechar la cantidad de tiempo de la que dispondrían para adelantar trabajos y estudiar, yo he tenido que gestionar mi frustración para asumir, que no ir a trabajar es tiempo que mi hija necesita que dedique y que tan sólo puedo volver hacer uso de las largas noches para escribir, estudiar, soñar….

La Vida me ha puesto muchas veces entre la espada y la pared.

Aunque también las personas han sido capaces de ponerme en esa encrucijada.

Aún recuerdo la primera vez que le dije a mi padre que no podía ir todos los días al súper, que las medidas necesarias eran salir para lo imprescindible, etc. No quiero ni recordar lo que me dijo y como se puso, yo estaba imponiéndole una dictadura en una democracia.

No olvidare cuando mi hija se acerco a mi para hablar y le explicaba lo ocurrido, haciéndole ver que los comportamientos de los demás, aunque puedan ponernos en riesgo no los podemos controlar ni evitar… aunque parezcan actos irresponsables y egoístas, en realidad están cargados de amor y buena voluntad.

Desde ese día he mirado hacia otro lado, a través del recurso de la evitación he dirigido mi enfoque hacia otra visión y he interiorizado que es imposible quitarle la libertad de movimiento a un valiente que sobrevivió a la revolución de Fidel Castro, que siempre ha enfrentado las situaciones más peligrosas de frente con valor y coraje.

Así que mi valiente padre es quien va al supermercado a abastecer el hogar de alimentos, a la farmacia, etc. para proteger a su familia.

Con la creencia que atraemos aquello en lo que pensamos y hacemos realidad nuestros miedos, siempre llevo todo con enfoque positivo y me esmero por tener esa visión de esperanza e ilusión.

La semana pasada se me removían muchas emociones en esta armadura, volvían a mi mente todas las experiencias vividas el año pasado por esas mismas fechas y casualidad mi madre empezaba el lunes 13 con vómitos y diarrea.

Alejando pensamientos y centrada en la fuerza, manteníamos conversaciones de temas muy profundos y reales, la capacidad de resistencia para mí es en gran parte un buen trabajo mental y así he experimentado en mi piel y acompañado a mi gente.

El miércoles a la tarde estaba durmiendo la siesta, más tarde cuando volvía a verla estaba tapada con otra manta. Saltaba mi alarma y me acerque a ver que ocurría.

Mi padre insistía que no tenía fiebre y yo le recordaba que el año pasado tampoco parecía tenerla y el termómetro marcaba 40. Así que la temperatura que marcaba esta vez era 39 y al sentarse para tomarse un paracetamol no podía mantenerse sentada como aquel 20 de abril de 2019.

Sentí que mi caja de resonancia hacía sonidos que nunca antes había escuchado, también sabía que ahora tan sólo podía controlar la fiebre y esperar. Por lo que dando calma a mis emociones, alimentando mis pensamientos positivos, retomaba la formación on line que en directo me esperaba.

Con dificultad y esfuerzo finalice esa tarde de formación para abordar aquella realidad que me esperaba. Fueron días y largas noches sin apenas dormir para vigilar la fiebre mientras había otras actividades que me ayudaban a distraer mi mente, centrada en el momento presente y no adelantarme a la evolución de acontecimientos.

El sábado mi hija y yo empezábamos a decorar la casa para darle ánimos a abuela y celebrar su cumpleaños que sería el lunes. Por dentro yo hablaba con la vida y le decía suplicante “dejame celebrar su merecido cumpleaños a pesar del encierro, a pesar que no pueda venir mi hermana ni mis sobrinos, dejame vida”.

Ese mismo sábado detenía el tiempo para reflexionar sobre mi actuación, quizás había sido imprudente no aislarme con mi hija para protegerla de un posible contagio, era necesario pensar y hacer un trabajo de reflexión personal.

La posibilidad del contagio está ahí, siempre va estar ahí, aislada o no, con más precauciones o menos. Es necesario aceptar esa posibilidad como una parte de la vida que no podemos controlar ni evitar, desde esa postura fluir con los sucesos para reafirmarme una vez más en mis valores como hija, persona y madre.

Muchas personas me preguntaban si mis padres no tenían casa donde pudieran irse para protegerme, otros lo insinuaban, otros me lo decían directamente e incluso iban más lejos.

Mi decisión era firme e inamovible. No le voy a dar la espalda a quienes siempre han estado aquí conmigo. Aunque determinadas imprudencias puedan suponer un contagio seguro, ellos forman parte de mi prioridad en la vida.  Para mí, lo importante es vivir esta experiencia juntos en la unidad, en la aceptación de la forma de cada uno y en el respeto del momento, emociones y demás. Pasito a pasito se irá viendo como hacer frente a cada nuevo episodio de este pedazo peliculón.

Llegaba el deseado lunes 20 de abril de 2020 mi madre lucía  fresca y mejorada, alegre y sonriente como siempre, reía con sus tartas de plastilina, con sus globos, pegatinas, etc.

Mi hija que en junio cumplirá 5 años le cantaba el cumpleaños y disfrutaba del día y momento con tanta intensidad, como su tan marcada experiencia pese a su corta edad, le permitía, tras recordarme muchas veces el episodio de la caída de su abuela, la llegada de la ambulancia, etc.

Al día siguiente, hoy se cumplen tan sólo tres meses del fallecimiento de mi abuelo y aquí estoy, consciente de que la vida son momentos, muchas veces tan opuestos y contradictorios, todos ellos necesarios e inevitables.

He sido juzgada también por la flexibilidad con la que he llevado esta situación con mi hija, he tenido que escuchar frases que no han sido más que quejas y expresiones verbales de frustración sin ningún tipo de cambio o sugerencia para evitar tales resultados.

A pesar de ello, nuevamente me he llevado de mi intuición y he llevado una vez más esta situación con mi pequeña de la forma que he creído más acorde a lo que estamos viviendo.

He ido introduciendo pequeños cambios, variando, improvisando. Aceptando aportaciones, enfoques y reflexionando sobre ellos, pero devolviendo juicios de valores que tan sólo restan valor a mi enorme esfuerzo, no sólo por las horas que le dedico de día sino por las largas horas que por la noches le quito a mis sueños para tener más y más recursos con que enfrentar, juntas todo esto.

Hace muchoooo tiempo elegí vivir mi vida desde un enfoque en soluciones y alternativas, no en culpas, culpables, críticas o juicios de valor. Por tanto solamente admito reflexiones de quienes realmente son capaces de evaluar la situación desde el conocimiento y deseo de aportaciones positivas, no admito ya más en mi vida nada que hacia mi persona sea despectivo, ni aún tratándose de un posible error, pues forma parte de ser humanos y del crecimiento como tales.

Y finalizo este testimonio de un trocito de mi vida, recordando que son las tres de la mañana del día 22 y que un día tal como hoy hace tres meses, a las 22.30 de la noche esperaba en el tanatorio para incinerar a mi abuelo en la propia soledad de mi única compañía, seguramente me hubieran acompañado muchas personas a las que les dije que no, seguramente me hubieran acompañado otras muchas que no lo supieron y la verdad, quería vivirlo así de esa manera pues no era necesario sentir la presencia de quienes siento siempre aunque estén lejos, menos aún tener presencia cuando aún estando presente yo, sin lugar a dudas estaba tan ausente para vivir el momento que la vida me permitía.

Y quiero finalizar con el trocito que escribí en mi muro de facebook y con la misma canción.

Muchas horas sin dormir por la noche, me permiten contemplar y cuidar de mis niños mayores así como de mi pequeña hija, contemplarles durmiendo y dar nuevamente gracias a la vida por estos y cada momento.

Y hoy hace tres meses que vería el cuerpo de mi abuelo por última vez.

Sería la última vez que acariciaba su piel para quedarme con esa sensación para siempre.

Tres intensos meses, en los que tantas cosas han pasado.

En mi silencio, en mis recuerdos, en mi amor y en mis pasos vivirás para siempre.

Ayer agradecía a la vida por poder celebrar la vida y el cumpleaños de mi madre, hoy doy gracias también por las experiencias de despedidas, que tanto me han acercado a aprender a vivir con la realidad más segura con la que llegamos a este mundo: la inevitable muerte.

Sin saber con certeza lo que irá surgiendo, vivo cada instante como siempre y aún en el silencio sigo hablando, estando, amando…

Un abrazo de fortaleza, coraje y fuerza a todos/as en estos momentos.

PD: Dicen que todo guerrero tiene su espada y sus armas para enfrentarse a la adversidad, la mía es mi corazón y es una fortaleza rodeada de esperanza, ilusión y coraje.

Dotada de grandes enseñanzas de la vida. Para una mujer como yo que esperaba en su vientre la vida y habitaba dentro de mi vientre mi hijo sin vida… La Vida ha sido muy generosa conmigo enseñándome caminos y grandes aprendizajes. La adversidad ha sido siempre un gran regalo para crecer como persona y mejorar.

Mi mirada compasiva hacía mi y hacía las otras personas, me muestran como las cartas se reparten para todos/as por igual. No existen maestros y aprendices, pues unas veces enseñamos y otras aprendemos. Soy amante del amor y la humildad.

 

2 respuestas a “125. UN TROZO DE MI TESTIMONIO COMO PERSONA, MUJER, MADRE… y LA ACTUAL SITUACIÓN DEL CORONAVIRUS.

    1. Gracias a ti por acompañarme en este camino y ser tantas veces luz entre tanta oscuridad. Eres una gran mujer, un bello ejemplo a imitar, no te conformes nunca con menos de lo que mereces, no necesitas ser reconocida por nadie sino por ti misma, nadie va a ver lo que no quiere ver ni reconocer, así que a seguir siendo grande y bella por fuera, por dentro. Mi querida y Admirada Acompañante y Amiga.

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