107. EL ENFADO, LA TRISTEZA, LA FRUSTRACIÓN, EL MIEDO… LLEGAN CON EL CORONAVIRUS Y OTROS ACONTECIMIENTOS.

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Ya el miércoles Sara estaba respirando algo mal, padece de broncoespasmo y escapamos de milagro de la última oleada de calima que tuvimos en las islas. De manera que decidí que no fuese el jueves al cole para protegerla.

De hecho, en su colegio habían establecido como protocolo que las familias que viajasen dejarán de asistir durante quince días al colegio para evitar un posible contagio, aunque sinceramente siendo un colegio internacional donde la mayoría de las familias trabajan fuera, creo que poco dieron cumplimiento a dicho protocolo.

El viernes ya el gobierno de Canarias suspendía las clases y posteriormente llegaban el resto de las medidas, tales como quedarnos en casa y el decreto del estado de alarma.

Durante días estuve demasiado revuelta, confusa, no sabría identificar con claridad cuál era la emoción más intensa, aunque siento de manera profunda que me invadía la empatía.

Mis pensamientos volaban lejos, se iban a diferentes puntos de la geografía y además pensaba en diferentes situaciones y personas, en especial sentía que era una pesadilla, me costaba creer que todo aquello que se estaba viviendo era real.

Hasta la fecha evite todo tipo de información, pues suelo mantenerme bastante al margen de la televisión, por no decir que no la veo nunca y aunque sabía la existencia del virus, quería seguir pensando como siempre he pensado, como he ido aprendiendo a vivir mi vida: ” vivir el momento recordando que cada uno de ellos es único e irrepetible, sin saber que puede ocurrir, pues cada capítulo tiene: un principio, punto seguido, punto aparte, punto y coma…. un final”.

Desde mi mensaje constante que la “Muerte forma parte de la vida, que sabemos con certeza el principio de nuestras vidas pero desconocemos cuando llegará el final”, siempre pongo el foco en vivir cada momento sin planes futuros, expectativas, proyecciones  y sobre todo aceptando aquello que no puedo cambiar, desde la plena confianza que no puedo controlar aquello que no depende de mí y que lo único en lo que puedo influir es mi forma de vivirlo, siendo ahí donde pongo toda mi energía.

 

A medida que fui conectando con la consciencia, la realidad y la magnitud de lo que llegaba a nuestras vidas, fui identificando emociones tan intensas, profundas y evocadoras como la tristeza, el enfado, la frustración e incluso el miedo, un miedo no a la muerte sino a la incertidumbre, magnitud, consecuencias, efectos, incapacidad de ayudar a los demás, un largo etc.

Entre todo ello se cambiaron algunas de las cosas importantes que tenía prevista, cancelar la reunión con Begoña una mami y su peque el jueves, el encuentro con mi querida amiga Johana de Lanzarote… Planes para mi inaplazables y de gran importancia que se quedaron sin ser realidad.

Aun así, después de asumir la tristeza que ello me suponía, después del permiso a llorar y dejar salir toda esa emocionalidad, empecé a fluir con la aceptación de vivir la situación desde la mayor calma, conciencia y conexión, pues sin lugar a dudas se avecinan muchos momentos revueltos en los que es imprevisible saber la evolución de la situación a la que nos enfrentamos.

En Sara primero apareció el miedo que manifestaba y expresaba con toda claridad. Luego llegaba la tristeza y finalmente hacia presencia el enfado, la frustración y los malos comportamientos que manifiestan sin palabras su enorme volcán emocional y encierro durante tantos días en casa.

De manera que además de mis propias emociones, las que veo en el rostro de mis padres, las que imagino al escuchar la voz de amigos/as, familiares, las de mi hija… sé que es de gran importancia sembrar esperanza, paz y la capacidad de recordar cómo somos capaces de sobreponernos a cualquier adversidad: CAPACIDAD DE RESILIENCIA.

Por supuesto además de trabajar emociones, también damos alimento a la parte intelectual, también el trabajo del duelo, la enfermedad y la realidad que se escapa de nuestras manos, en eso Sara y yo somos expertas, ambas grandes maestras la una de la otra.

Es necesario seguir dando pasitos y por momentos hacer pausas para poder continuar.
Durante estos últimos días mi hija me ha visto llorar muchas veces y se ha acercado a saber la razón de mi llanto.

Sin existir una razón concreta sino una mezcla de ellas, ha sido capaz de integrarlas para interiorizar y compartir las suyas propias, pues cuando vivimos una situación con normalidad así como naturalidad, expresando libremente nuestras emociones, desde el respeto mutuo, facilitamos al otro/a a hacer lo mismo, liberando lo que muchas veces retenemos y escondemos, creyendo así ayudar al otro, transmitiendo el mensaje equivocado que hay que encerrar, ocultar, evitar e ignorar las emociones para mostrarnos fuertes y ser invencibles, cuando lo que necesitamos es comportarnos como seres humanos de carne y hueso, dotados de razón y emoción, ambas necesarias de compaginar y gestionar.

Le he presentado el virus y hemos hablado del mismo, junto al tema sin duda han venido otros temas relacionados y sus preguntas, razonamientos, dudas, etc. No a todas ellas he sabido o podido contestar, sabemos que más adelante las podemos volver a abordar.
En mi siguiente entrada voy a compartir algún material que he utilizado para hablar con ella del virus, pues creo puede ser útil para otras familias.

Sobre todo, le transmito a mi hija un mensaje importante que quiero compartir con todos/as: es recordar que podemos salir adelante y que es mucho lo que podemos hacer, aunque haya momentos que podamos sentir lo contrario.

Pues la lluvia también es hermosa y es necesario saber disfrutar de ella, sin pensar que solamente es posible disfrutar de días soleados o de brillantes arco iris tras las tormentas.

Cada cosa tiene su belleza y cada experiencia nos regala una gran oportunidad de aprendizaje, por más difícil que sea, dolorosa… si es inevitable, lo mejor que podemos hacer es dar pequeños pasos para fluir y seguir hasta donde podemos llegar, pidiendo ayuda si la necesitamos para gestionar todo este aluvión de emociones, cambios y pensamientos que nos invaden sin parar.

Quiero finalizar dando las gracias a cada persona que ha llegado a mi vida, a cada experiencia que me ha tocado vivir y a cada momento que la vida me regala para seguir.

 

 

 

 

 

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