106. MI ALTA SENSIBILIDAD, EL AMOR, LA AMISTAD Y YO.

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El rasgo de la alta sensibilidad tiene cuatro pilares fundamentales, sin cubrir los cuatro no puede considerarse altamente sensible, hoy quiero hablar de uno de ellos en mi vida: la intensa emocionalidad y empatía.

He sentido con mucha intensidad todas y cada una de las relaciones de mi vida, tanto de amor, amistad, compañeros de trabajo, familia, etc.

Ciertamente algunas más que otras, cada una de ellas cargada de diferentes experiencias y marcada por diversas emociones, quizás la característica más común en todas ellas ha sido además de la intensidad con la que las he vivido, la gran empatía puestas en ellas.

He de decir que hacer uso de tanta emocionalidad y empatía en los demás, me llevo a  a olvidarme de mí y perderme en los demás.

Volcada en cubrir necesidades, expectativas y ayudar a otras personas, me olvide de mí y quien era yo, mis sueños, ilusiones, necesidades y mis límites.

Casi sin darme cuenta, además de mi alto nivel de exigencia, añadí la responsabilidad de hacerme cargo o creer que no podía dejar de ayudar a los demás, creyendo incluso que si cargaba con el sufrimiento, el dolor y otros asuntos ajenos en mi mochila, podría hacer que los demás pudieran vivir con más ligereza la experiencia que les tocaba vivir.

Con el tiempo fui aprendiendo que cada persona necesitaba hacerse cargo de su mochila, que además era la mejor lección y el mejor regalo que les podía hacer en la vida, que se hicieran cargo por si mismas y acompañarles si así decidían que lo hiciera, pero sin añadir más peso en mi cargada mochila.

Me perdí muchas veces en los demás, también en mi misma.

Tanta empatía, tantas emociones… a veces las vivía con una enorme soledad e incomprensión.

Aprendí también a verla de otra manera, a saber que gracias a esa soledad y ese espacio que necesitaba me reencontraba conmigo misma, me conocía y aprendía a aceptar que los demás no podían ver aquello que yo quería o necesitaba, por no querer, no saber, no poder o simplemente porque no era su momento, la razón era lo de menos, lo más importante era aprender a aceptar y encontrar que resonaba en mí con todo aquello.

He vivido relaciones que han marcado mi vida para siempre de una manera diferente. En ellas he ido aprendiendo a aceptar las despedidas de quienes se van sin decir adiós, de quienes se despiden, de quienes siempre están, de los que no están aunque te aseguren que están presentes, de quienes llevan toda una vida marchándose y no se terminan de ir nunca, etc.

Poco a poco he ido aprendiendo a gestionar mis emociones y mi empatía  sin tanto sufrimiento y dolor, sin querer más a los demás que a mi misma, sin cubrir primero las necesidades de otras personas y olvidarme de mi misma, etc.

He ido aprendiendo también que a veces mi respuesta a determinadas preguntas no son suficiente, pues volverán a preguntarme lo mismo de diferentes formas y aunque cambie las respuestas, la inseguridad esta en la otra persona y no podré cubrir esa necesidad pues sus preguntas hablan de si misma y mi mejor respuesta es el silencio y una invitación a la reflexión y a su búsqueda interior, pues lo que necesita es su trabajo personal, no mis respuestas o explicaciones.

También sé que muchas veces alguna de mis publicaciones en facebook o en el blog generan inquietudes. Algunas personas creen que van dirigidas en concreto a ellas y tan sólo vuelve a repetirse el mismo patrón, y es que ponen fuera lo que esta dentro de cada una de ellas, pues cada uno interpreta la realidad desde sus propias creencias, susceptibilidad, etc..

Afortunadamente con el tiempo en vez de perderme me reencontré y gracias a ello me conocí de verdad.

Aprendí que la mejor relación de mí vida, la mejor amistad y el mejor diálogo empezaba  conmigo y en mí, después podría ser posible todo lo demás.

Desde ese momento deje de responsabilizar a los demás de mis emociones, de mis necesidades sin cubrir, de mis frustraciones por expectativas no satisfechas, etc.

Sin proyectar en los demás, empece a ver con gafas de mucho aumento quien era cada persona, sin ser quien yo quisiera que fuera o necesitara y reconociendo esa realidad, empece a avanzar mucho más, pues dejaba de querer hacer de los demás quienes yo quería ver o creía que iba encontrar.

Me dí cuenta que tuve demasiadas relaciones en mi vida viendo en el otro la persona que no era, esperando cambios y viviendo de sueños inalcanzables, irrespetuosos, pues las personas no son proyectos, sino seres humanos con circunstancias y experiencias que también toman decisiones.

Otras tantas relaciones fueron asumidas con roles que no correspondían y se crearon costumbres que eran tóxicas y destructivas.

En algunas otras mi empatía conectaba con mis necesidades y como me hubiera gustado vivir mis experiencias. Posteriorme, gracias a esa misma empatía, formación y trabajo personal, conseguí hacer uso de mi ella de otra manera más respetuosa hacia mi misma y los demás.

He ido haciendo un enorme trabajo personal, de formación, crecimiento y mucho más.
Día a día sigo aprendiendo, sigo sabiendo como cada experiencia es el mejor regalo de saber que se puede crecer y mejorar.

Finalizo con esta canción. Después de escucharla, me gustaría invitarte a plantearte su pregunta y encontrar tu propia respuesta.

Te diré que mi respuesta SOY YO.

Gracias, un abrazo de la mujer que, afortunadamente, SOY hoy.

 

 

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