105. LA CULPA EN EL DUELO DE MI PRIMER EMBARAZO. PROMESAS INCUMPLIDAS.

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Tenía 33 años, me parecía una edad fantástica para quedarme embarazada y en mi revisión ginecológica así se lo hice saber al ginecólogo, de manera que dejaría de tomar precauciones para ello.

Además, habían transcurrido algunos años desde la pérdida de mi hermana Isabel, quien nos había abandonado físicamente el 10-05-2007, ya estábamos en el año 2009 por lo que además de intentar seguir mi vida normal podía plantearme prepararme las oposiciones.

Embarazo y oposiciones, ambos sueños a la misma vez.

La cuestión es que iba a empezar a ir a clases presenciales y ponerme a estudiar para conseguir tener la plaza en propiedad y dejar de ser interina.

En cuestión de unos pocos meses empecé a padecer de lumbago, era algo muy curioso, me despertaba bien por la mañana y casi siempre cerca de las 18 o 19 horas de la tarde me empezaba aquel dolor.

Me había ido de vacaciones al sur y el dolor seguía apareciendo a las mismas horas, no entendía si estaba descansando que era lo que ocurría.

A mi regreso y después de un mes de retraso en la regla entendí que tenía que ir al traumatólogo y al médico de cabecera, casualmente fui a urgencias a la misma vez para las dos cosas, afortunadamente fui primero al médico de cabecera y no al traumatólogo, pues de haberlo hecho al revés seguramente me hubieran pinchado algo para aliviarme un dolor, que no era lumbago sino el comienzo de mi amenaza de aborto, ya que estaba embarazada.

Esa noche sabría que estaba embarazada pero no sabría que ese dolor inexplicable no era lumbago sino una manifestación del comienzo de mi amenaza de aborto.

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Ante la noticia de mi tan deseado embarazo me quede paralizada, en vez de recibirla con alegría lo hice con sorpresa y me quede desencajada, como era posible que en tan poco tiempo me hubiera quedado embarazada y mis planes de estudiar las oposiciones donde quedarían…

Sin saberlo en pocos días mi vida daría otro gran giro, creí que como otras tantas mujeres podría seguir teniendo mi vida normal aun estando embarazada, mi realidad no fue así.

De manera que aún recuerdo aquel sábado cuando me desperté y fui al baño a hacer pis y al limpiarme había restos de sangre, me asusté tanto que enseguida se lo dije a mi pareja y sus palabras fueron: “ya vas a empezar a darme el coñazo”.

Sin lugar a duda estaba invadida de muchas emociones contradictorias, entre ellas el miedo, la inseguridad, la alegría y tristeza a la vez, etc.

Aquella mañana en urgencias me confirmaron que se trataba de una amenaza de aborto y que tendría que mantener reposo absoluto.

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Lo siguiente que recuerdo para no entrar en muchos más detalles, fueron los 6 meses que pase en mi cama mirando las paredes, el techo y acariciando mi barriga y hablando con mi bebe.

Viví un embarazo muy sola, triste, insegura y aunque le decía a mi bebe que se agarrara fuerte a las paredes de mi útero que nunca la iba a soltar, también le decía y me decía a mí, que si el embarazo no llegaba a término pondría fin a aquella relación de pareja…

Con seis meses de embarazo tuve un parto, la arrancaron de mi vientre, tal cual porque hasta la matrona me decía que sino empujaba era imposible arrebatármela.

Viví aquella despedida con mucho dolor, con mucha tristeza, con muchas emociones contrariadas y a la vez con mucha culpabilidad.

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No recuerdo haberle dicho nunca a nadie que me sentía culpable, tampoco recuerdo que nadie tuviera el valor de preguntarme como estaba y la verdad a otras muchas personas poco les importaba y cuando me preguntaban, enseguida le restaban valor a mi testimonio y cada vez me encerraba más en mí misma y mi propio proceso.

Culpable sí así me sentía, por un lado, porque quería quedarme embarazada y luego al saber que lo estaba no lo viví con euforia, culpable por no haber acudido al ginecólogo de la seguridad social desde un principio y tener el seguimiento que quizás podría haber evitado ese desenlace, culpable por condicionar mi embarazo truncado a una ruptura, culpable por…

Sea como sea y con todas las emociones sentidas, vividas, aun no siendo mi primera pérdida importante, sí la recuerdo como la más dolorosa, cruel, solitaria y difícil.

Los siguientes seis meses de mi vida no podía recordar si había comido o no, pasaba largas noches sin dormir escribiendo, mirando fotografías, escuchando los mirlos, leyendo libros de pérdidas, escuchando música y coleccionando todo lo que tuviera que ver con Annes Guedes y los bebes.

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Donde quiera que iba veía una mujer embarazada o un bebé recién nacido, no soportaba escuchar el llanto de un bebe, se me desgarraba el alma.

Aún recuerdo los últimos días con total claridad, aquella mañana había ido hacerme el análisis de prueba de azúcar y perdí el conocimiento, me desmalle, vomite y me fui a casa a seguir manteniendo mi reposo.

Aquella misma tarde antes de irse mi madre le pregunté qué cómo eran los dolores de parto y me encontraba la barriga más baja, ciertamente la tarde anterior creí que se me había escapado pipi, bueno en realidad se me había roto la bolsa…

Al irse mi madre y quedarme sola, fui al baño y me encontré con un mar de sangre, me asuste mucho, pero me dije a mi misma que era necesario que mantuviese la calma, con mucha sangre fría respire, me tranquilice y me tumbe en la cama del lado izquierdo, llame a la ambulancia y luego fui a la otra habitación a buscar la cartilla y coger lo imprescindible. En breves momentos llego la ambulancia y me llevaron al materno.

Me limite a enviarle un mensaje a mi pareja para que supiera lo que había ocurrido y donde me llevaban, aunque él no lo vio hasta llegar a casa encontrándose con que no estaba y la sangre del dormitorio al baño.

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Después de horas en una silla de ruedas, frente a otras mujeres con contracciones que esperaban para dar a luz, yo apretaba mis piernas fuertes también por las contracciones, pero para evitar que se me saliera porque tenía unas enormes contracciones que me hacían sentir que se me iba a salir.

A la vez me mordía las manos y apretaba fuerte mientras me repetía una vez: “Quédate conmigo, no quería que fuese así”, a la vez que las lágrimas caían por mi rostro.

Cuando me revisaron me dijeron que aún estaba vivo y que tenía la bolsa rota, que terminaría siendo una perdida y que me pasarían a planta sola en una habitación para vivir el proceso.

La realidad fue que pasaron más de 24 horas y mi bebé seguía conmigo, seguía sintiendo el latido de su corazón y confiaba en que podía soportar unos meses más para que viviese.

Con un poco más de tiempo podría incluso vivir, aunque tuviera que pasar algún tiempo en una incubadora, seguía apretando mis piernas tan fuertes que me dolían.

Casi 48 horas después comenzaba la dinámica de parto y con unos dolores físicos y emocionales terribles, aún recuerdo mis gritos, mi dolor, las imágenes y mi coraje de levantarme a abrir la sábana que le envolvía y despedirme de ella.

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Sentí culpa por todo, sin embargo, supere aquel proceso con tanto coraje como ella me enseño, aun siendo tan pequeñita resistió junto a mí como una verdadera campeona.

No sé si soy culpable o no, si pude haberlo evitado, si mis sentimientos de culpa y razones son infundados o no… Lo único que aprendí es que tan sólo podía aceptar lo ocurrido, que ninguna pregunta de las que me hiciera iba tener una respuesta segura, que todo era relativo e incierto, que no podría cambiar nada de lo ocurrido ni echar el tiempo atrás…

Hiciera lo que hiciera, pensara lo que pensara, sintiera lo que sintiera… nada ni nadie me iba devolver la vida de mi bebé, de quien sería mi primera hija LUCIA.

Ella fue arrancada de mi vientre el 01/02/2010 a las 06.30 horas. Después de un duro y largo duelo para superar la pérdida de mi hermana, tocaba ahora plantarle cara a perder a mi primera hija y lo que también supondría la perdida de mi salud en muchos sentidos, ya que durante cuatro años estuve con una infección crónica de orina entre otras muchas patologías…

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La culpa y otras muchas emociones que no supe gestionar, mi dolor y otras muchas cosas me hicieron estar enferma de epicondilitis, túnel carpiano, lumbago, ciática, infección de orina, piedras en el riñón, piedras en la vesícula, espolón, migraña visual y seguro que olvido algunas otras.

Tan sólo sé que perdí a mi hermana en el 2007, en el 2010 a mi primer bebe, cuatro años después tuve un segundo aborto y hoy estoy aquí, con deseos de acompañar a personas en proceso de duelo, entre otras experiencias que forman parte de la vida, además de formación, tengo la experiencia que  fue la que me ayudo a superar mis procesos, pues fui yo con mi propio trabajo personal como pude superar esa y otras muchas experiencias.

Hoy quiero compartir toda esa riqueza personal para ayudar a otras personas a superar sus diferentes situaciones personales.

Soy madre de tres hijos/as: Lucia, Ángel y Sara, los dos primeros se fueron al cielo y siempre están conmigo, la tercera Sara la vida me regalo poder abrazarla y tenerla a mi lado para educarla, esforzándome en ser mi mejor versión y ejemplo para hacerlo.

No soy víctima de mis experiencias, soy protagonista de todas y cada una de ellas, aprendí a jugar la mejor partida con las cartas que la vida me iba repartiendo, descubriendo mis recursos, potenciándolos y dotándome de aquellos que me faltaban.

 

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