91. SOY NAS y ME CUESTA ADAPTARME A LOS CAMBIOS. SOY PAS y TAMBIÉN.

Dedicada de forma especial a todos los niños/as, altamente sensible o no, que viven cambios difíciles y dolorosos, como enfermedades de sus referentes más importantes o personas más queridas.

Dedicada también a esos niños/as que día tras día escucho, veo o leo que sus padres o cuidadores gritan, pegan, amenazan, etc.

Pienso en la infancia a cada instante y sé, que esto es tan sólo un granito de arena. Ojala que cada granito de mi arena, se convierta en una montaña para ayudarles tanto a los niños/as, como a sus padres, maestros y cuidadores. Todos/as tenemos siempre mucho que aprender de los demás, sin tener en cuenta su edad.

Mi mejor maestra es mi hija, además de mis padres y el resto de la humanidad.

La Alta sensibilidad es un rasgo de la personalidad que nos acompañara toda la vida, seamos niños/as o adultos. Lo importante es aprender a gestionarlo de manera adecuada para disfrutar del mismo, teniendo calidad de vida y buena salud.

Cuando descubrí el rasgo, para mí fue de gran ayuda leer muchos libros y toda la información que encontraba al respecto en internet, pero además decidí iniciar mi formación en ámbitos como life coaching, inteligencia emocional, duelo, disciplina positiva para la educación, altas capacidades, taping, etc.

Gracias a todo ello tengo una gran cantidad de recursos que poner en práctica diariamente en mi vida personal y con mi hija, quien también considero que es NAS.

A mí me cuestan mucho los cambios, ciertamente hay cambios que son más fáciles de asimilar y otros que me suponen un esfuerzo mayor. Igual le ocurre a mi hija, por ello pongo en práctica determinadas herramientas, observando con detenimiento que son las acertadas para conseguir el fin deseado.

Antes de empezar la vuelta al cole, quince días antes fui introduciéndole con pequeños detalles el mensaje del cambio que se nos avecinaba. Tareas como probarnos el uniforme, ir a comprar nuevas mudas, preparar el neceser con cepillo de dientes y pasta nueva, etc. iban dando a paso a que el mensaje quedase incluido en las rutinas que se avecinaban.

También fuimos a pasear por los alrededores del colegio, aprovechando para jugar en el parque cercano al mismo. Le sugerí y me acompaño el día de la reunión del cole y visito su aula, que le permitió para hacerse una imagen visual de la misma.

Por supuesto la lectura de cuentos. El año pasado me costo horrores y no hubo forma de leer “El Monstruo de los colores va al cole”, ni ningún otro similar. Este año aprovechando que solemos jugar a la escuelita, preparamos el mobiliario y con el teatro de títeres representamos ese y otros cuentos de manera divertida, amena, favoreciendo nuevamente su proceso de adaptación a la realidad que en breve se avecinaba.

Además, la apunte en una actividad que ella eligió y que se trataba de todo un reto. Voluntariamente quería apuntarse en piscina, a pesar de tener un especial rechazo al agua, con lo cual aproveche su interés, elección y oportunidad para ir trabajando el adaptarse a situaciones difíciles y de alta intensidad emocional.

Como tan sólo eran 45 minutos y yo estaba presente, cerca y le acompañaba durante todo el tiempo, con los mensajes adecuados y ayudándole a gestionar la emoción, sin lugar a dudas fue un acierto esa iniciación.

También hubo una fiestita de cumpleaños, donde todos los amigos se reunieron el día antes del comienzo escolar. Dábamos un paso más, pues el reencuentro con todos sus amigos/as en aquella tarde de juego, le facilitaba tener razones positivas ya experimentadas para el comienzo escolar.

Eso no supuso que no llorase el primer día, el segundo, el tercero y así uno tras otro. Aun siendo la misma maestra, aun conociendo el colegio y los amiguitos, era inevitable que llorarse y su rechazo.

Ante su ya dificultad de enfrentarse a los cambios, mi trabajo era una ayuda importante, asumía que la nueva adaptación era un proceso cuya duración era imprevisible, siendo necesario a la vez, trabajar mis emociones para acompañarle sin más cargas emocionales, desde el respeto, la aceptación y el amor incondicional.

Día a día fui empleando diferentes ejercicios para romper las dinámicas del llanto, las resistencias a ponerse el uniforme, las negativas a “NO QUIERO IR AL COLE”, etc.

Cada tarde en casa trabajamos nuestro miedo a la piscina y nuestro desinterés por ir cada día al cole. Así que aprovechaba sus muñecos y los títeres para que cada uno/a fuese contando lo que no le gustaba del cole y lo que le agradaba, aquellas cosas  que podían hacer para cambiar la impresión de aquello que menos les gustaba, etc.

Además, nuestras conversaciones eran de gran ayuda. Intentaba transmitirle el mensaje adecuado ante su llanto recurrente, que yo aceptaba sus características y que ella también debía aceptarse, respetarse y comenzar a gestionarse. En ningún caso reprimiendo su llanto, de manera que le contaba, la cantidad de veces que, a lo largo del día, necesito llorar al emocionarme por diferentes razones, además ella lo ha presenciado en diferentes ocasiones, cuando estamos de paseo o por el parque, hablando con naturalidad de ello,

El llanto es un efecto fisiológico, natural, espontaneo e incontrolable que surge por muchas razones. Es además una técnica natural y saludable de liberación emocional, venimos de fábrica con ella y ayuda a conseguir que nuestro cuerpo se adapte a situaciones cargadas de muchas y diferentes emociones.

No es necesario que ese llanto este justificado, no siempre sabemos las razones que nos llevan al mismo, simplemente necesitamos llorar y la liberación de nuestras lágrimas nos ayudan a descargar nuestro volcán emocional, de lo contrario podría desencadenar en problemas de salud con posterioridad.

Mi hija me contaba que le costaba mucho la separación, su necesidad de estar cerca a sus padres, no querer comer en el comedor, etc.

Aunque hemos trabajado la respiración, los pensamientos y algunos juegos, le recordé que podía darse un abrazo de mariposa y que en cualquier caso si necesitaba llorar lo hiciera, a pesar del rechazo de sus cuidadores y de mensajes tan lamentables como: ya eres grandes y los niños grandes no lloran…

Luego encontré este cuento que vimos juntas y le recordé cuando el primer año de cole, sin conocer el cuento ni haberlo leído, llevaba en su mochila un dibujo de papá, mamá y ella, que hicimos todos juntos.

A medida que fue pasando el tiempo, fui haciéndole saber que quizás no estaba cómoda en ese colegio y no conectaba con el entorno. Le planteaba la posibilidad de un cambio de colegio, haciéndole ver que no querer ir al colegio no es una alternativa, pues fuese este o cualquier otro, de lunes a viernes era necesario que asistiera al colegio y empezamos a hacer una relación de razones para ello.

Plantear este tema no suponía ningún castigo, amenaza ni represión emocional, sino una conversación respetuosa donde buscamos soluciones que se adapten a sus necesidades y vida escolar de forma saludable.

Realmente nos acercamos a otros colegios, hemos hablado de muchos aspectos relacionados con los compañeros/as del cole, maestros, comedor, etc. Y he de decir que hoy se despierta cada mañana diciendo “Sí quiero ir al cole, Si quiero ir a piscina”, aunque después sea necesario un trabajo posterior a la entrada del cole o antes de la actividad.

Poco a poco ella ha ido madurando la idea, asimilándola y comprendiendo que hay soluciones cuando hay problemas reales, que tiene en mi a una aliada que la apoya, la acepta como es y que la voy a ayudar a avanzar en este camino de crecimiento, comprendiendo que es necesario enfocarse en soluciones y resolver los conflictos del tipo que sea, no siendo una opción evitarlos o ignorarlos.

Un niño altamente sensible ya es bastante responsable y exigente, es necesario acompañarle en el camino sin añadirle más exigencia y cargarle de una responsabilidad que quizás en ese momento, no es capaz de gestionar. Respetar los tiempos necesarios es importante, combinándolos con el establecimiento de límites, pero también flexibilidad y muchas dosis de amor.

De hecho, una semana antes de comenzar el cole, por fin consiguió empezar a hacer caca en la vasija, hasta entonces sólo conseguía hacerla en el pañal. En otra entrada compartiré como ha sido el proceso de desprenderse el mismo, puesto que lo que más ha influido ha sido su aceptación para pasar a otra etapa, algo que no quería ni pensar. Su necesidad de seguir siendo bebé y no querer crecer, entre otras, han influido de manera considerable, ayudándole de manera muy importante, mi aceptación y acompañamiento al ritmo que su madurez, ya no física sino emocional le permitía.

También ha sido de gran ayuda mi formación de especialista en duelo, ya que a lo largo de este año mi hija ha vivido experiencias tales como dos ingresos hospitalarios de su abuela, un deterioro considerable de su salud, así como otros cambios.

Normalizar cada situación, hablar de ella de la forma más normal y cercana posible, responder a sus preguntas, mostrarle sinceridad aportándole seguridad para confiar en mí, etc. También ha sido de gran ayuda.

Hemos hecho un importante trabajo con cuentos, así como con otras actividades, como una caja de duelo que hicimos a modo de ritual.

A estas alturas, mi hija y yo con 4 años hablamos con mucha naturalidad de la muerte, la enfermedad, las emociones, los cambios, etc.

También hemos hecho un importante trabajo con la diversidad, los distintos tipos de familias, las rupturas de pareja, así como la autoestima entre otras.

Educar a un hijo/a altamente sensible es un reto sin lugar a duda, yo lo veo como un potente motor, que marca mis pasos y me impulsa a mejoras impensables.

Es muy importante, además de trabajar con el niño/a, el trabajo con uno/a misma. La reflexión de lo que estamos haciendo, ya que muchas veces, no coincide con lo que intentamos conseguir, tampoco con lo que necesita nuestro hijo/a.

Quiero finalizar compartiendo esta reflexión. Cuando nuestros hijos/as lloran solemos decirles:

¿Por qué lloras?

No llores y empezamos a enumerarle un largo listado de razones para no hacerlo.

Le trasmitimos el mensaje de que llorar es malo, que se debe evitar, que es mejor reprimirlo, entre otras.

Por un lado, el mensaje educativo es lamentable y contrario a la inteligencia emocional, por otro lado, que haga lo contrario va en contra de su salud.

¿Quién tiene el problema cuando llora el niño/a?.

Lo suelen tener los padres, los maestros… que no soportan ver llorar a sus hijos/as, que no saben qué hacer y necesitan verlos bien para irse tranquilos a trabajar y demostrar a los demás que hacen una buena labor como padres o maestros.

Error….

Hacer una buena labor se mide en la aceptación. Sería más sensato y adecuado ayudarle a aceptar esa emoción o reacción, acompañarle durante la misma, sugerirle que la identifique para luego aprender a gestionarla.

¿Necesitamos llorar por causas justificadas? NOOOOOOO.

Parece que debería haber un código que recoja las razones por las que podemos llorar, ya que de lo contrario es un acto prohibido.

Nuestros hijos/as aprenden a tener que justificar todo lo relacionado con las emociones, así que empiezan a evitarlas, ignorarlas, reprimirlas, etc.

Piensa si realmente estas acompañando a tu hijo/a con una buena educación emocional. Observa de quien es la necesidad de llorar y de quien es que deje de hacerlo. Trabaja ambas por separado y piensa en los beneficios de llorar, aceptar su llanto y acompañarle durante el mismo.

LOS NIÑOS MAYORES SIIIIIIII LLORAN.

YO SOY ADULTA Y SIGO LLORANDO.

TE ASEGURO QUE NO DEJARE DE LLORAR PARA AGRADAR A LOS DEMÁS.

EXPRESAR NUESTRA EMOCIÓN ES RESPETARNOS A NOSOTROS/AS MISMAS, SIEMPRE QUE NO HAGAMOS DAÑO EN LA FORMA DE MANIFESTARLA.

BASTA YA DE ENGAÑOS.

EDUQUEMOS VERDADERAMENTE CON INTELIGENCIA EMOCIONAL.